Una Necesaria Introducción

“Vivimos ahogándonos en información, y sin embargo, perecemos sedientos de sabiduría” ~ E.O. Wilson

Iniciar este blog ha sido, una decisión complicada; no por falta de pasión, sino, paradójicamente, por exceso de ella. Son muchos los párrafos, versos, reflexiones y cuentos, que con el transcurrir de los años he desperdigado con impaciencia en cuadernos, diarios, hojas sueltas, y archivos de computadora. La mayoría de ellos yacen olvidados, como gigantes de mármol que gimen agónicos en espera del cincel de Buonarroti; como prisioneros de una cobardía inexpresable que les impide ser disfrutados por la luz de otros ojos y el fuego de otros corazones.

prisoner-atlasQuizás la más espeluznante incertidumbre que cualquier escritor (famoso o desconocido) debe enfrentar en su vida es ésta: “¿vale la pena que escriba?”, es decir, “la vida que se me extingue entre palabras, ¿es de alguna utilidad para alguien?, ¿lo es para mí?”. Pensándolo bien, y en un sentido más amplio, tal vez sea ésta misma la que todo ser humano debe enfrentar: “la vida que se me extingue a cada segundo, ¿es de algún valor para alguien?, ¿lo es para mí?”.

En la cultura actual, que se extiende con desenfreno hacia la impersonalidad del ser humano, el dar respuesta a estas preguntas (o al menos disponer de tiempo para formularlas)  resulta casi imposible. Nuestros días están llenos de ocupaciones y distracciones, de numerosas exigencias que diluyen la exuberancia de nuestras personalidades en una especia de “caldo colectivo”. Un caldo colectivo que mina la riqueza de nuestras palabras, que  homogeneiza la diversidad cultural de nuestros pueblos, que desdeña la inocente, sencilla y juguetona ética de nuestra infancia… Un caldo colectivo en el que intentado ser alguien, nos volvemos nadie.

No parece exagerado afirmar que la cultura en que vivimos hace muchas décadas dejo de ser progresista. Los cambios cesaron, dejando tras sí una inmensa incredulidad; filosofías huecas que prometen hacernos felices, aquí y ahora. Hace más de cien años G.K. Chesterton criticó la vacuidad de nuestro “glorioso progreso” con las siguientes palabras:

Progresar debería significar que siempre estamos cambiando al mundo para adaptarlo a un  concepto. Y hoy progresar significa que estamos cambiando el concepto. Debería significar que lenta pero firmemente traemos a los hombres: justicia y misericordia, pero significa que cada vez estamos más inclinados a dudar que la justicia y la misericordia sean deseables… No estamos alterando lo real para adaptarlo a lo ideal. Estamos alterando el ideal: es más fácil.

Este pequeño blog (revista electrónica) no está orientado al progreso, sino a la reforma. Porque reforma presupone una forma, que implica que tratamos de modelar el mundo de acuerdo con una imagen definida y determinada. Reforma “significa que vemos algo fuera de forma y queremos ponerlo en forma“. Y yo, que con pasión escribo estas líneas, estoy totalmente convencido que esa forma (definida y determinada) nos ha sido revelada por Dios mismo en su Palabra.

Las ideas aquí expresadas no tienen como propósito ser ingredientes del caldo colectivo. No han sido escritas para una “masa” de lectores sin rostro de la cual buscamos sacar provecho. Mi objetivo es distinto. En un mundo complejo, efímero, inmenso e indiferente, lo único que deseo es poder relacionarme con personas; personas que de entre las más de 1.8 billones de páginas web que existen en el mundo, hayan tenido la “suerte” de “tropezarse” con ésta.

A diferencia de lo que comúnmente se piensa, la literatura no es un refugio para personas serias, egoístas e introvertidas que viven abstrayéndose del mundo. Es más bien un peligroso campo de batalla, en el que personas aventureras, generosas y extrovertidas buscan con entusiasmo la manera más bella de cambiarlo. La literatura no evidencia falta de pasión, sino abundancia de ella: no es un lago en calma, sino un mar embravecido; no es un tesoro que se esconde, sino un pan que se comparte; no es una emoción que se niega, sino un riesgo que se toma; no es un progreso que se espera, sino una reforma que se emprende. Yo he decidido emprenderla aquí, obsequiándote lo mejor que poseo: mis más sinceras palabras.

¡Gracia y paz a ti!

 

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